Releer a R. Bolaño después de la clase de teoría de la posmodernidad.

Una de las cosas que más disfrute de hacer a la par de llevar la clase de teoría de la posmodernidad fue releer las novelas, cuentos y poemas de Roberto Bolaño, este autor que es mi favorito, me pareció siempre una contradicción, más bien escribe desde la contradicción, escribe sobre el horror y la ternura, el aburrimiento y el frenesí de un renglón a otro y yo no podía comprender de dónde o porqué esa necesidad; esa lectura tan fracturada y esquizoide, esos datos tan inseguros, esas novelas circulares que continúan en la novela escrita 10 años atrás, o en un libro de poemas o toda una novela termina en un pequeño renglón de un cuento, o cómo el libro más exquisito que leí a los 17 años terminaba con no palabras sino visuales, nunca pude comprender el temblor y la emoción de esas novelas, Amuleto, Literatura nazi en America, Estrella distante, Los detectives Salvajes o 2666, el libro de poemas Tres y Los perros románticos, o los cuentos de El gaucho insufrible y Putas asesinas.

Fueron entre sus personajes y sus escenarios un collage de apropiaciones, y una posibilidad de reconfigurar la realidad y crear escenarios en los que se posibilitaban nuevas relaciones, entre los muros o afuera en los desiertos, fueron libros por los cuales pude ver la caída de los discursos y las instituciones legitimizadoras y algunas de éstas sólo cayeron por obra de su mismo poder pero utilizado con más violencia, creatividad e irracionalidad, luego dentro de las novelas Bolaño sugiere retomar todo lo viejo, sugiere despertar las obras muertas y lo hace, en Bolaño encuentro en mis primeros acercamientos desde esta postura el uso de la fractura y la fragmentación, la hipertextualidad, la ruptura con la razón y las historias oficiales, encuentro en sus personajes diversidad, individualismo y nuevas comunidades, abismo entre subjetividades pero cruce de ellas, y aunque Bolaño es el autor, sabe borrarse, sabe aprender a borrar sus huellas y dejar las de los lugares donde ha tomado voces, estos conceptos que conocí y aprendí a ubicar en clase, los explico en el texto a continuación:

Fragmentos.

Las ideas o metarrelatos totalizadores de la modernidad en la política y en la filosofía, las cuales las identificamos como estas teorías con las cuales se justifica tal proyecto científico o político, (que necesita justificación porque tuvo y tendrá graves consecuencias),   primero homogenizando y separando para crear oposiciones duales, eliminando así la diversidad:

Hombre – Mujer, Razón – Naturaleza, Apariencia – Realidad. (Por mencionar algunos)

Y luego privilegiar una sobre la otra:

Hombre > Mujer, Razón > Naturaleza, Realidad > Apariencia.

Era natural después de estos enfrentamientos en los que se había de defender y a la vez negar la etiqueta: necesitar algo de libertad, no sentirse de un lado ni del otro, ni siquiera aceptar la comparación, sino querer algo de aquello pero también de esto, un fragmento, un poco de aquí y otro de allá, porque a veces sí pero a veces también no, y la mayoría de las veces a ti qué.

Los resultados de esas búsquedas y el rechazo a la homogenización nutren a la posmodernidad de prácticas experimentales en todas las áreas, nuevas y otras recicladas que se hacen públicas y por ello se expanden y se potencian, gracias a los fragmentos, a las vidas fragmentadas y sobretodo auto contradictorias, la alegría y la plenitud que es la posibilidad de contradecirnos a cada momento y ser conscientes de ello es uno de los placeres y libertades de la posmodernidad.

No soy nada.

Nunca seré nada.

No puedo querer ser nada.

Aparte de esto, tengo en mí todos los sueños del mundo.

*Así inicia el poema Tabaquería de Fernando Pessoa.

Ruptura con la razón y con la historia.


La ruptura de la posmodernidad con los metarrelatos, es principalmente para deslindarnos de la culpabilidad de esas decisiones, porque a medida de nuestras posibilidades una pequeña idea, una pequeña obsesión nos separa ya de ser herederos de tradiciones y costumbres que no aceptamos por parecernos absurdas a medida de que justifican muertes y justifican la miseria o la mala suerte del otro, naturalizan las tragedias o simplemente justifican cosas que no nos parecen.

Es por ello que en la posmodernidad se está en busca de otras voces, de las de los que no pudieron hablar por creerlos locos, por creerlos demasiado pequeños, de malas sangres, o sin alma; y estas mismas otras voces o saber que existen nos hacen rechazar la historia oficial o legitimada y buscar la anécdota, la contra información, la historia oral, la ficción, complementando aquellas voces que se suprimieron por completo, y seamos partidarios o no de esa responsabilidad de buscar esas otras perspectivas, la forma de leer el mundo y a nosotros mismos ha cambiado y encontramos distintas voces dentro de nosotros, y tenemos microhistorias en nuestras vidas que fragmentamos, cosa que hemos podido potenciar con las computadores y aparatos electrónicos, internet y las redes sociales.

Lo que ganamos en la posmodernidad rompiendo con la historia y la razón, fueron los micro relatos y en éstos, la posibilidad de interpretar y reinterpretar el mundo.

Seamos disidentes o no, las practicas de vida y de recopilar y compartir información  de la posmodernidad que tuvieron quizás sus orígenes en la búsqueda de conciencia, las usamos ahora en nuestra cotidianidad, porque nos han abierto a nuevas posibilidades de comunicarnos.

No sé que sucedió primero, si el arte invadió la vida o la vida posmoderna invadió al arte, pero hubo siempre retos y rupturas para los artistas, críticos y curadores quienes tuvieron que cambiar sus modos de hacer para hablar de todos éstos cambios que se estaban gestando tan necesarios.

En una nota publicada de mi compañera FabiolaGarcía, ella escribe una frase en su publicación Apropiación en la era digital que es tan clara y precisa que sólo la rodearé de unas comillas y la dejaré por aquí: “Nuestro entorno cultural siempre domina en nuestras ideas, nuestro contexto genera que el arte sea una respuesta de nuestras necesidades sociales”

Llama la atención lo interdisciplinar y lo transdisciplinar de las piezas y las acciones en el arte, tan así que fue completamente un camino que no nos llevaba ya a nada preguntarnos ¿qué es el arte? esta pregunta cambio por: ¿qué puede hacer el arte? ¿Qué podemos hacer con el arte? Aprovechando lo citado de mi compañera: ¿A qué necesidades sociales está respondiendo este arte?

Estas nuevas preguntas nos reconcilian con otras practicas ajenas al arte y a la vez le dan autonomía al arte de poder ser, pues del arte también otras disciplinas toman para sus ejercicios y el arte de ellas, como de la sociología  o la psiquiatría, esta última que nos brindó todo un mundo nuevo de arte Art Brut, o arte marginal, arte sin ningún fin. Y la sociología tomó del arte las intervenciones sociales arte con un fin social

Diversidad y nuevas voces, nuevas por redescubiertas y nuevas por recién creadas, retornos y cruces de caminos, que dieron a los procesos y espacios del arte la tensión que había perdido, debido a que también estaba ya dormido o sedado.

Diversidad / Individualismo y comunidad.

Los metarrelatos de los que nos divorciamos no nos dejaban ser, nos homogenizaban y se trataba al otro (y en el otro estábamos también nosotros) de inmorales y de estar contra las leyes,  la posmodernidad fue una nueva búsqueda hacía nosotros fuera de los roles sociales y de genero a los que estábamos inscritos dadas nuestras características regionales, biológicas, etc. fue una reconciliación con nuestros verdaderos gustos e ideas, ahora que el poder no lo tenía la iglesia ni el gobierno aparentemente, nuestras decisiones eran de nosotros y las consignas que ellos nos habían enseñado para ellos mantenerse, eran leídas al revés o entre líneas y una nueva gama de  formas de vida y de hacer los quehaceres se nos abría: sin dirección, sin esfuerzos no deseados, la búsqueda del placer, una vida encaminada a un nuevo hedonismo.

 

Cruce de conceptos que se van asomando.

Resulta difícil platicar de lo aprendido por puntos: ante el rechazo de los metarrelatos y de los antiguos poderes, encontramos que teníamos una libertad de actuar y de comunicarnos grandísima, en cima de ello encontramos nuevas herramientas tecnológicas y técnicas para hacerlo, la invención del collage, del patchwork, la libertar del citacionismo parecidas a la teoría del remix, las ideas aportadas por los situasionistas, hasta las de el fauvismo. El fácil acceso a las cámaras y a otros conocimientos antiguos y lejanos geográficamente gracias al internet nos dieron una posibilidad inmensa de comunicación y de no comunicación, nos dieron también una posibilidad de aislarnos del mundo cada que quisiéramos y de volver y renacer como otros, de ser otro, de ser fragmentos incoherentes, la existencia y posibilidad de lo absurdo, nos llevó de nuevo a sembrar y cultivar en el campo de las subjetividades.

Subjetividades

Los abismos entre las subjetividades y a la vez el respeto hacía distintos formas de quehaceres es lo que se quiso recalcar y remarcar en la posmodernidad, realmente hubo de donde escoger pues las migraciones, los massmedia y el internet ayudaban a la mezcla y a la diversidad.

La guerra en la posmodernidad continuó en el campo del lenguaje y las subjetividades, después de la muerte de dios, viene la muerte de la realidad, y cada quién revive y hace vivir lo que quiere, y lamentablemente lo que puede.

El poder de la simulación, sólo puede simular quien tiene el capital, es esta idea la que rescato del ensayo Vida simulada: cosmopolis de mi compañera estefaniagalera, ella nos cuenta sobre la idea de la hiperrealidad, que quiere decir vivir una la realidad a través de intermediarios y lo que pareciera ella cuestionar es de que dependiendo de quienes o cuantos sean esos intermediarios es tan real la vida, ella nos pone el ejemplo de Eric, el personaje principal de la película Cospomolis, quien vive dentro de su limousine como en una burbuja ajeno a lo que está sucediendo a su alrededor, y sólo seleccionando fragmentos de lo que le interesan, relacionándose con ello por medio de sus empleados y sus dispositivos tecnológicos, es esto muy parecido a las nociones de vida posmoderna de las que hablábamos, y sólo porque en este caso el personaje es empresario y como empresa representa la maldad, entonces su individualidad y forma de vida sí puede ser motivo de reclamos.

Podríamos de ahí mal idear que al igual que con la hiperrealidad, la maldad sólo existe si se tiene el capital para ejercerlo, que algo a sólo existe si afecta bastantes subjetividades y para ello sólo se puede actuar a través de los medios masivos de comunicación o  la fuerza militar de un estado.

Ahí marcaríamos un fallo en la posmodernidad, pues uno de los objetivos que se buscaban con la caída de los discursos legimitimizadores era nivelar la jerarquía a la hora de las significaciones: y en realidad fue así, la capacidad del arte, tan sin reglas, dio la capacidad y exige así sea, que el arte sea un momento de significaciones tan poderoso como se precise, así sea que nos vayamos a meter en un pantano de cosas desconocidas. Es justo como la frase del músico húngaro Béla Bartók: Lanzarse a lo desconocido, desde lo que es conocido, pero intolerable.

¿A qué nos referimos en el párrafo anterior, tomando en cuenta ya que tampoco queremos crear nuevos meta relatos, historias abarcadoras sino fragmentos o  tejidos de micro relatos, que lo que se quiere es invadir y mezclar las distintas subjetividades del público sin para ello ser moralistas y decir esto está bien y esto no?

¿Cómo se hace un espacio de significaciones poderoso en estas situaciones? Mi compañera zapienevelyn nos da la respuesta en una de sus entradas que publicó y llamó TEATRO DEL ABSURDO // FINAL.

Ella nos comenta que escoge el Teatro del absurdo para analizar la película Cosmopolis 2012 pues para ella la película se nos presenta como una obra de dicho teatro en el que en todo momento el pensamiento racional se deja de lado o sea utiliza tanto que se vuelve absurdo, y no se busca ya comprender lo que ha dicho el personaje o lo que ha hecho, sino el buscar porque no se quiere que se comprenda a la primera, ni a la segunda, sino que sólo es un escenario preparado para darnos cuenta del sinsentido de las cosas y sacar nuestras propias conclusiones a través de la interpretación de dichos actos.

Es un acierto para mi compañera mencionar este tipo de teatro, pues surge en momentos históricos que lo requerían y va mutando a través del tiempo y potenciándose en otros espacios y áreas en los que se precisaba.

En el teatro del absurdo es donde por fin vemos la muerte del autor, claro que este teatro tiene sus escritores y obras de renombre, a lo que se refiere la muerte del autor en la posmodernidad es a que las obras son escritas o producidas y son unas, pero una vez leídas son otras, en cada lectura son otras, pues cada uno tiene sus campos simbólicos y subjetividades y en cada leída o para cada espectador en el público la obra fue una completamente distinta. Así estemos hablando de música, una novela, un poema o una instalación.

Esto acaba también con las obras clásicas sagradas y las obras universales.

En la posmodernidad no es importante ya lo que el autor ha querido decir, sino lo que cada espectador ha dicho sobre lo que ha querido decir el autor, esto anterior lo aprendí y comprendí en nuestros distintos ejercicios de clase con nuestros objetos de estudio.
 

Muerte del autor

El autor cayó por sobre su propio peso, el autor tal y como lo conocíamos, el autor individual comienza en declive, justo cuando comienza al auge de lo individual el autor individual desaparece, ¿Por qué? A mí parecer es porque desaparecen las consciencias colectivas y con ellas sus necesidades de mediadores totalizantes entre la realidad y ellos, porque ahora son las esas colectividades dividiéndose en grupos más pequeños los que buscan y crean sus propias ficciones a través de otras, y son estos sujetos que buscan y encuentran la manera de narrar y fragmentar lo que consumen que se convierten ahora en productores o autores colectivos.

¿Cómo lo hacen? ¿De qué medios se valen?

Los artistas de la posmodernidad, son más bien, muy buenos espectadores, son espectadores activos que saben y ejercen su papel, el de interpretar y reinterpretar, saben y les gusta que la cultura y que toda idea es potenciadora de nuevas ideas y de que estas son para compartirse, para dejarlas vivir.

Llámeseles apropiacionistas, ladrones, citacionistas, situacionitas, a mí ningún título me convence pues estoy más bien a favor de no encasillarlos con ello en un sistema de robo por pasos, ni con uno de estos nombres que sólo los localicen en un periodo, pues la apropiación siempre existió, el reciclaje y el reúso se potenció en la posmodernidad gracias a las herramientas y a que las necesidades sociales así lo ameritaban; pero más bien estoy a favor de considerar al arte como esta cosa que nos deja reusar, replicar, reciclar la cultura desde siempre, pues ayudaría desde a defenderlo de los derechos legales siendo su naturalidad; para poner un ejemplo el uso del concepto de la criptomnesia en los juicios de acusaciones de plagio, hasta hacer verdaderas investigaciones sobre cualquier tipo de pieza en cualquier tipo de contexto y ahora sí apropiaciones, tal y como lo hace por ejemplo Lorna Milles en Ways of something 2014 con el trabajo de John Berger Ways of seeing de 1977, o con mayor distancia y dedicación creo que Marina Abramovic con la investigación de las culturas balcanas y eslavas que habitaron en la edad medía en la que recrea rituales y costumbres que rescató, la pieza se llama “Balkan Erotic Epic”
En la posmodernidad era necesario la replica, pues había una especie de revolución para hacer caer los discursos legitimadores y los metarrelatos, las instituciones y los sujetos que las representaban, la manera de actuar de los artistas disidentes era con la tergiversación de sus mismos productos, ya sea en contra de la publicidad, en contra del arte que nada les decía, o de la política, es por ello que la tradición de la apropiación se criminalizó, pues se estaba atacando a muertos vivientes y poderosos, a sus herederos ajenos a las creaciones artísticas y literarias como el caso de la viuda de  Borges, y el Aleph engordado de Pablo Katchadjian o directamente a intereses políticos  y comerciales de grandes corporaciones.

Los grandes sistemas de producción de signos reclaman para sí la atención de los individuos, pues así obtendrían la exclusividad de influir en los modos de ser y hacer de éste, así lo menciona ya G. Debord en la Sociedad del espectáculo.

Es por ello que las agencias también pagaban a críticos para que hablasen mal de éste tipo de piezas, que podían y pueden enseñarnos formas de replica, de reúso y re reciclaje tal y como lo hacían los nazis al clasificar las piezas de inmorales y destruirlas o como ahora lo está haciendo Avelina Lesper y que yo pensaría que al llamarle “mierda”  al arte contemporáneo de Teresa Margolles o Gabriel Orozco  su televisora le apoya y se le abren bastantes espacios por ello.

Arquitectura y estética relacional, producción y cooperación: nuevas formas de configurar mundos.

Desde el principio de este reporte de aprendizajes había mencionado la necesidad de huir a los microrrelatos, la literatura que no justifica otra cosa más que así misma, y que crea sus propias reglas y nos conecta a otras sólo para jugar con las verosimilitudes, los microrrelatos nos enseñan la micropolitica, que se refiere a cómo yo me gobierno, cómo yo organizo mi cotidianidad dentro de mi hogar y en las diferentes relaciones sociales en las que participo, la particularidad mía y que tienen de mi ellas, mis comunicaciones.

Surgieron también estas prácticas en el arte, nuevas opciones de vivir, piezas para salirse del mundo y entrar en ficciones, en microrrelatos en los que otras formas de sobrevivencia se los muestran posibles, estas ideas tienen también que ver con la muerte del autor individual, y del espectador pasivo, éste último es un mito, según Ranciere (2010), es un dato que leí en la publicación Espectador participador de mi compañera palomarincón, en su lectura ella nos explica acertadamente que no existe tal espectador pasivo, pues la mirada nunca es pasiva y siempre hay una interpretación, este mismo argumento es el que era mencionado para decir que la pieza es una nueva pieza en cada lectura y por ello desaparecía el autor,

Sin embargo mi compañera va más allá e introduce el concepto de Participante (Espectador participante) para poder distinguir de un espectador que utiliza su cuerpo para interactuar, lo que nos hace pensar si es que el cuerpo tiene más peso que la mirada, o todo depende más bien de la pieza y de las intenciones que el artista quiera provocar en nosotros, aún así podemos entrar en la discusión que comienza mi otra compañera santosAlejandra en su entrada El papel del espectador.

En su análisis de las piezas interactivas de Lozano-Hemmer, ella llega a la conclusión de que se le da la libertad al espectador de participar como el desee, ya que se pueden obtener grandes resultados entre los procesos creativos en que colaboran los humanos, lo que nos recuerda de nuevo a la muerte del autor individual.

Sin entrar en la necesaria discusión de medir la calidad de esas colaboraciones y esos grandes resultados, de los párrafos anteriores de mis compañeras podemos recapitular que en la posmodernidad las piezas dejaron también de ser pequeños micrometarrelatos, para sólo ser microrrelatos, y recalcar que la interpretación y la apropiación es la que hace la pieza.

La arquitectura dio un giro también gracias a los estudios de los situacionistas de psicogeografía, que tratan de estudiar  los efectos y afectos que tienen en nuestras emociones los espacios de la ciudad. Rescatar el espacio público y apropiarlo colectivamente son las consignas de la arquitectura relacional representada en parte por Lozano-Hemmer

Mostrar otras posibilidades de relacionarnos, los objetivos de la estética relacional, y las nuevas configuraciones de mundos era hacer otro nuevo gracias al uso del microrrelato y de los fragmentos.

Conclusión 

Una mezcla de nuestras inquietudes, necesidades y placeres es la posmodernidad, una suerte de convertir aquello que otros necesitan, que para nosotros o para otros sea un placer poder llevarlo a cabo a través de la ficción, la tecnología o las políticas públicas, en la posmodernidad descubrimos que hay diversidad, hay gente para todo, y  a través de las ideas es posible configurar e invadir a la vida, desde sólo incomodar, hasta hacer más cómodas las estancias, ya  sea través del arte o de la ingenieria biomedica, suena bien en las palabras de David Foster Wallace:

“Yo tuve un profesor que me caía muy bien y que aseguraba que la tarea de la buena escritura era la de darles calma a los perturbados y perturbar a los que están calmados”.

Roberto Bolaño, a mí parecer, al menos en este primero acercamiento, en su vida y obra logró lo que la posmodernidad se exigía al menos en el área de la literatura y creo que siguiendo la huella de este lector que ademas escribía podríamos encontrar nuevos modos de hacer y comunicar.

La pesadilla de la participación

Confrontar una pieza de las que Lozano-Hemmer denomina de Arquitectura relacional
con la pieza de Jens Heaaning (Turkish Jokes, 1994); con el objetivo de explorar
la calidad de las relaciones o micro-comunidades ahí creadas; bajo la perspectiva
de la creación de aucas, barcas/bunkers.*

* Para identificar mi tema.

En la valoración de la calidad de las relaciones sociales                                                                                                      que se crean en piezas de los dos artistas que mencioné;
Para el auca y para la arquitectura relacional  (es peligro decir que obviamente)                                                         tiene bastante peso el recurso de colaboración o participación.
Conceptos que últimamente al agregarse a descripciones de proyectos
buscan casi santificarlos por democráticos e incluyentes.

Pensaba preguntar sobre un autor que hable sobre lo sobre explotado
del recurso de participación y colaboración, o que haga un análisis
de éstos discursos políticos o de arte en los que se hace.
Encontré uno muy importante, (La pesadilla de la participación, Markus Miessen, 2014)
Mi pregunta es si has visto por ahí textos relacionados a ello.

O entre tantos proyectos colaborativos para quitar candados, la forma de
leer las páginas que bloquea google books? es ahí donde está el libro.

*

La No represión de conflictos.

Confrontar una pieza de las que Lozano-Hemmer denomina de Arquitectura relacional
con la pieza de Jens Heaaning (Turkish Jokes, 1994); con el objetivo de explorar
la calidad de las relaciones o micro-comunidades ahí creadas; bajo la perspectiva
de la creación de aucas, barcas/bunkers. La curiosidad por estas piezas y temas
parten de mis intereses como productor y quizá necesite realizar una pieza.

Sobre el Arte Biométrico de Lozano-Hemmer

Ahora son las obras de arte las que nos sienten, nos miran y nos escuchan.

No he tenido la oportunidad de interactuar con una obra de Lozano-Hemmer, sin embargo puedo percibir lo afectivas que pueden llegar a ser, a tal grado de aterrorizar y enternecer a sus espectadores al mismo tiempo (terrenos también de lo poético),  más cuando leemos que sus piezas van a la par de la tecnología avanzada que es utilizada por las empresas y los gobiernos en cuestiones de seguridad y control; en zonas de guerra (o genocidio), áreas de acceso restringido, como fronteras o servicios médicos.

Una de las dudas que tengo es sobre de qué calidad es esa interacción entre el espectador y la pieza. Hablábamos también de piezas incompletas que el público al interactuar las termina; “si el público no participa, la pieza no existe” ¿Pero qué tanta participación nuestra hay en los datos biométricos que arrojamos? ¿Más allá de lo que es medible o cuantificable que hace que la misma pieza que yo “completé” sea completada de distinta manera por otro espectador,  inclusive que yo quiero visitar días siguientes la misma pieza, la tendré que completar con mis mismas huellas digitales (de figuras que nunca elegí) así como si puedo hacerlo con las elecciones, selecciones, pensamientos y decisiones de mi vida diaria para interactuar con mis realidades y las de otros.

Esta clase de piezas (Biométricas) me parecen a veces lo mismo a un espectáculo de desfile militar, pues, asistimos a ellas y sí, podemos sentir empatía con los materiales de cuero, los bordados, el bonito acabado de la madera en un arma, o la perfecta sincronización de los marchantes y el vuelo de los aviones bombarderos, ahora estamos en un desfile de avanzada tecnología donde se nos permite conocer el alcance de estos equipos, más no su funcionamiento, más no estrategias que nos posibiliten tergiversar estos controles, estos aparatos que nos espían, esta cualidad de limitada interacción con esos censores podría rozar sin querer queriendo por parte de Lozano-Hemmer una estrategia del terror y de mercadotecnia por parte de gobiernos y empresas que están en el negocio de la comunicación.

Si la pieza fuese distinta, si fuese de la manera que menciono en el párrafo anterior; una pieza de verdad incompleta, con algunos talleres y cursos antes y durante las exposiciones; creo que ahí habría una verdadera interacción, algo que resolver, algo de verdad nuestro, un ejercicio creativo y ahí sí cabría la posibilidad de completar una pieza con lo que nosotros somos. Y no el completar una pieza que sí, necesita de ti, pero te necesita biométricamente nada más.

No dejo afuera la posibilidad de que estas piezas también ayudarían a reconciliar o ver de otra manera a quienes vean con malos ojos y por lo tanto evadan conocer y estudiar sobre estas tecnologías, dando una perspectiva de otras posibilidades de uso, pero al ser sólo eso me parece un poco árido. Agradable e interesante como experiencia aún así.

Aquí están de alguna mis posibles líneas a explorar, estaban conectadas entre sí y preferí a modo texto que un listado, para no ser más redundante.

Bourriaud / Rancière

La realización artística aparece hoy como un terreno rico de experimentaciones sociales, como un espacio parcialmente preservado de la uniformidad de los comportamientos,[1] Y a la vez este terreno es un espacio en el cual podemos poner otras reglas y experimentar para re-configurar la realidad.

Para no hacer más largo este párrafo, vamos a decir que en el arte los Hubiera sí existen, y variedad de ellos pueden cruzarse o tejerse, se puede experimentar con la coexistencia, con los modos de coexistencia, de hubo/hubiera – habrá/habría.

Esta manera del coexistir entre individuos como pieza de arte,  se ha estudiado por Bourriaud y por Rancière, el primero defiende se le dé prioridad a las relaciones sociales o a su potencialidad de sociabilizar en espacios distintos, la calle, los parques, estudios de radio, a través de intersticios (así se refería Marx a las comunidades que utilizaban el trueque para intentar otras formas distintas al mercado dominante) se crean entonces microcomunidades cómplices que parten de una necesidad económica o afectiva, para dar un ejemplo; inmigrantes.

Bourriaud defiende se creen relaciones fuera de la dinámica del mundo, Rancière no busca forzar los finales, mucho menos los finales felices; apunta más a unas relaciones que no salieran de esta (mala) dinámica (del mercado, etc) sino que las tomaran en crudo para explorarlas, y cuestionarlas, la diferencia entre una y otra es; que en  Bourriaud no se cuestiona el hecho de que las cosas marchen bien; sólo existe y quedará la buena experiencia del momento, En Ranciére, según la interpretación que de él hace García Canclini* sucede una confrontación en esas relaciones.

Aunque esta discusión es ilustrada y más fácil de comprender con los ejemplos de las piezas que ambos autores rescatan, piezas sobre el espacio público, la inmigración, el genocidio etc, utilizaré más bien Ways of Something, para denotar porqué y cómo, podríamos clasificar más bien esa coexistencia de piezas, o sí fue en determinadas reapropiaciones, un ejercicio fuera del mundo, donde la imagen intervenida participaba muerta y hay manazos al aire para espantarse las moscas. O por el contrario en qué otras intervenciones los artistas invitados a Ways of something; reapropian y despiertan con una bofetada lenitiva a las piezas que retoman.

Busco más bien rescatar piezas en las que la obra recontextualizada coexiste con la que se originó, y cuál es la importancia o no, de cuando sucede.

Más allá de el hecho que pueda leerse como un atentado contra una pieza o un intento de degradación (cosa que no creo que suceda) busco la importancia de la confrontación (Ranciére), y no de el escape de antiguos y obsoletos significados para crear sólo nuevos mundos (Bourriaud).

[1] Bourriaud, Nicolás. Estética relacional. Buenos Aires: Adriana Hidalgo, 2006. p. 8.

* En La sociedad sin Relato, Antropología y estética de la inminencia.

¿Qué es? / ¿Qué puede hacer?

Hemos estado hablando bastante en clase sobre La inmortalidad, o más bien momificación, de las obras de arte y obras literarias al respecto. También de su recontextualización y cómo estas nuevas prácticas y piezas son rechazadas o ignoradas por una gran parte de quienes actualmente participan o tienen un poder (del tipo que sea) en la gestión y difusión del arte, y  que de antemano las descartan de serlo, con unos argumentos bastante viejos pero poderosos y convincentes aún, tomemos como ejemplo a Avelina Lesper y el lamentable alcance que ha tenido su voz.

Con lo anterior y en clase, recordaba un fragmento de Entre paréntesis (1998-2003), un libro publicado en el año 2004, que recoge ensayos, conferencias y opiniones de Roberto Bolaño (Chile, 1953-2003) dice:

“Cuando escucho a un escritor hablar de la inmortalidad de determinadas obras literarias me dan ganas de abofetearlo. No estoy hablando de pegarle sino de darle una sola bofetada y después, probablemente, abrazarlo y confortarlo. En esto, yo sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo por ser personas básicamente no violentas. Yo también lo soy. Cuando digo darle una bofetada estoy más bien pensando en el carácter lenitivo de ciertas bofetadas, como aquellas que en el cine se les da a los histéricos o a las histéricas para que reaccionen y dejen de gritar y salven su vida”.

Ahora que la vuelvo a leer, me doy cuenta de que la recordaba mal, yo pensaba decía Abofetear las piezas y las obras literarias, una bofetada que las haga despertar, una bofetada que las desempolvará, una bofetada con unas tijeras quizás (Cut-up de Burroguhs), a lo que quiero llegar es despertar de ese trance al pasado para volver a hacerlo vivir, para saltar de un tren, o de un edificio en llamas y que traiga sólo consigo aquello que servirá.

Se ha dado y se le da esta bofetada a las piezas, y lo primero que se hace es   preguntarle a su resucitado sobre los Quiéne,  ¿Quién hace/Qué es arte?)

Para tocar temas, sobre originalidad, recontextualización, reapropiación, etc.

Me gusta la propuesta de Nestor G.Canclini (Argentina, 1939) en Sociedad sin Relato ( 2010), de dejar de hacer la pregunta ¿Qué es el arte? Sino más bien preguntar ¿Qué puede hacer el arte? Poniendo como ejemplo Ways of something con sus potencialidades y flaquezas para abofetear la historia del arte, la memoria colectiva, y sus formas de verla o más bien hacer algo con ella.

Argumentos que Ways of Something construye de manera más exitosa que Ways of Seeing

Uno de los argumentos que en Ways of Something (2014) se quiere construir a través de la práctica es el de la réplica, de la cuál John Berger habla en Ways of Seeing (1972) a modo más bien de consejo.

Berger utiliza el espacio en su programa de televisión para advertir que es un medio muy controlado, y a la vez controlador, un medio que escucha a quien le conviene y de quien escucha además sólo lo que le conviene, para presentárnoslo como una verdad.

En Ways of Something (2014) se retoma este consejo para recordarnos todas las posibilidades de lectura y re-lectura de lo que consumimos, ya que aunque sea lo mismo en todo el mundo, todos lo apropiamos a nuestras necesidades interpretando las ideas a nuestra conveniencia, podemos replicar, y aparecer en pantalla, con la inmediatez y herramientas de bajo costo de las que ahora la mayoría disponemos.

Tengo la impresión de que Ways of Something (2014) nos invita de una manera lúdica a ser programadores de televisión, a ser productores, pues la recopilación de esos vídeos que seleccionó de los artistas invitados son en realidad de una calidad hecha en casa.

 

Parecen estar jugando con el concepto de Réplica, en sus variadas definiciones que pueden clasificarse en dos; una que es una respuesta que regularmente es para contradecir, o dar otro punto de vista, y la otra que es hacer una copia exacta.

Uno de los ejemplos más fuertes, a parte de utilizar el mismo audio, es el hecho de subtitular con éste algunas escenas, nos invita a rememorar las distintas piezas en el arte contemporáneo que han cambiado de su sentido (y en los mejores casos adquirir uno) con sólo aplicar o editar un título, recordemos a Marcel Duchamp y su Mona Lisa rasurada (1919).

Nos enseña este vídeo al dejar de llamarse modos de ver, para ser modos de algo, modos de hacer, modos de pensar, modos de caminar, de cortar o pegar, modos de crear; actualizar el texto de Berger a las otras formas que ha tomado el arte como el net art, nuevos media, arte relacional, etc.

Ahora con la inmediatez de el internet como medio para presentar nuestras replicas/respuestas/copias a una general, que muchos recibimos; en estos caso una escena o una imagen, y la facilidad de descargarla y modificarla con las computadores y compartirla.

Haciendo una copia burlona de las escenas o imágenes que nos quieren vender con un Aura, que es una réplica exacta (sí, una copia fiel, pero fiel a nuestra interpretación) dejando ver lo absurdo de los misticismos que se hacen circular con fines económicos principalmente.

Ways of Something (2014) reconcilia los dos conceptos de réplica (que antes mencionamos) cosa que Berger con Ways of Seeing (1972) Lograba en su texto, pero no en las imágenes que nos enseñaba, pues también elige pinturas especificas que no tienen mucho que ver en el contexto que el las mostraba, dándoles una importancia injustificada. Ways of Something (2014) lo que nos enseña es un montón de espectadores activos respondiendo a otras ideas con lo que tienen a la mano, con sus inmediateces, con sus vidas cotidianas, Ways of Something (2014) nos aconseja también ser programadores/productores de tv. Y aún más, pues no sólo a seleccionar lo que nos sirve y no, sino a dejar a otros seleccionar lo que les sirve y no, dejar abierto el espacio y dejar las herramientas en la mesa para experimentar y sumergirnos en el lenguaje e inteligencias de todos, poder participar en el derecho de réplica, brindar y vivir la libertad de ese derecho y la libertad en sí, la libertad de participar en la creación o destrucción de algo.

Y no colocar nuestras ideas, en imagen o palabra, como sí fuesen un tesoro o más bien ya una reliquia, y más bien hacerlas vivir o circular.

Cosa que creo que sucede con Berger, es un recurso fácil el hecho de tomar lo peor de una disciplina y los peores textos que ha originado (por críticos o sus dueños) para intentar argumentar sus ideas, que son buenas.

¿Pero, Porqué no atreverse a utilizar pinturas (en su caso, si tanto le gustaba) y textos en base a ellos que están replicando a sus mismas disciplinas?

No lo hace y por el contrario, sólo alimenta más el conocimiento de esas obras ya reconocidas y el desconocimiento de otras que están en el olvido, se autoexcluye de saber y conocer el otro camino que han seguido: por ejemplo esta pintura del año 1670: Reverse side of a painting, de Cornelius Norbertus Gijsbrechts,

 

Cornelius Norbertus_Gijsbrechts: The Reverse of a Painting (1670)

En el que desde ese año estábamos ante pinturas que se bajaban de las paredes  para ser portátiles, maltratarse y circular por las manos de quienes se cruzaran palabras con los artistas en sus recorridos en el espacio público, siendo el cuadro más bien un objeto de excusa para platicar sobre algo, tal y como sucede ahora con internet o desearíamos sucediera así, ese estimulo de compartir la imaginación y la curiosidad por los mundos internos de otros.

Ways of Seeing (1972) Nos señalaba que era difícil replicar a la televisión, a los museos. a la historia construyéndose en sí, pero no lo hacía, no nos habla de quienes lo hayan hecho, no invita a nadie a su programa a hacerlo, no “le da voz” a quienes ya han replicado piezas, propaganda, discursos, movimientos, etc. ni retoma esas ideas.
No hablar de quienes ya lo han hecho es negar el derecho de réplica, es negar esa libertad, negar que vivió después de, y a la par por ejemplo de el El assemblage neodadá, del antiforma, mucho después de las publicaciones de Art Brut de Dubuffet en 1945.

Por el contrario en Ways of Something (2014) Lo hacen, miran al pasado, a sus contemporáneos y hacía el futuro, a lo que aún no tiene forma, vemos efectos que aún no se dominan bien pero van proponiendo algo, vemos pintores clásicos que aún así convivieron y siguieron pintando hasta hace unos años como Lucian Freud, vemos la pintura que no hace nada, podemos notar la asimilación de que la interactividad no es sólo llegar y poder aplastar botones o el logro que una pieza de arte a través de que un sensor te capte como espectador en una galería  (como espectador pasivo). El sensor sí, pero no otro espectador pueda ser consciente de que estás ahí también asimilando y sacando conclusiones como él.

Es arriesgado porque aburre, en realidad el vídeo Ways of Something me aburre, es muy disperso y creo que es también uno de sus objetivos, el ser algo parecido a lo hipertextual, a querer pausar y ver otras cosas, nos recuerda que podemos pausar lo que vemos, cosa que no sucedía con la tv. nos enseña que podemos regresar cuando queramos, después de habernos alimentado de otras fuentes o buscar las fuentes que nos están presentando para poder contestar y animarnos a armar algo también, con nuestros recursos y capacidades, y compartir de qué forma lo estamos viendo, parecido al Reverse side of a painting, de 1670.

Estéticas de la existencia

  • Linea de investigación.

Estéticas de la existencia

– Huellas en las ciudades de una existencia que está siempre en proceso.

A raíz del proceso de reinvención de sí-mismo del personaje Eric Packer en Cosmopolis (2012)

 

¿Como lo exploraré?

A través de Félix Guatari (Productividad Maquinica) a la par de tratar al performance y Assemblage bajo la mirada de La carne del lenguaje de Merleau Ponty.

Textos que encontré:

Ebrary: Ciudades para todos: la experiencia en programas de mejoramiento de barrios. (contraparte).

Textos que necesito ayuda para conseguir:

Merleau-Ponty, M. (1964b). La Prose du Monde. Paris: Gallimard.Trad. Castellano.
Félix Guattari, Chaosmosis: An Ethico-Aesthetic Paradigm  Trad. Castellano:Caosmosis (Manantial: Buenos Aires, 1996).

Ejercicio I sobre Cosmopolis.

El ejercicio que realizamos en clase, el pasado miércoles 27 de agosto, permitió que nuevas ideas se entretejieran y se complementaran a las que había tenido yo al ver la película.

Permitió encontrar nuevas metáforas gracias a las distintas formas de retener y relacionar esa misma experiencia estética (ver cine). Aprovechando la variedad de preferencias y capitales simbólicos pudimos mostrar a otros los elementos que aislamos y recolectamos dependiendo de nuestros intereses para hacer un ensamble de caminos posibles partiendo de nuevos objetos y sujetos de estudio que quizá antes no hubiésemos considerado.

Me parece útil aprovechar un territorio delimitado y acabado, como lo es el de una película, ya que sin miedo a encontrar cosas dónde el autor no las había intentado poner o mencionar, podemos hacer un listado de detalles visuales y auditivos en el transcurso de las escenas y especular de acuerdo a esas decisiones de mostrar u ocultar sobre un determinado tema, o una búsqueda de un tema.

Recordando que estamos ante un nuevo escenario en el que el autor bien podría haber utilizado sin límites todos los elementos que podemos encontrar en nuestra memoria colectiva, y escoger de una y otra cultura, los fenómenos cotidianos o memorables, para intentar suprimir, reforzar o cuestionar un discurso. De esta manera es nuestro derecho, obligación o simple diversión; descifrar la manera en que se nos está intentando narrar un momento específico de una cultura, utilizar esas herramientas de las que se vale el autor para ubicarlo, contextualizarlo y también para contradecirlo, en el caso de que aquello que nos está diciendo nos parece vació, intolerable o inacabado.

Estos ejercicios pueden terminar en ensayos, mashups y en nuevas piezas en otros medíos: un ejemplo de ello podría ser el proyecto Garfield minus garfield / Garfield sin Garfield  y otro de ellos la instalación Rambo del artista Artemio; en la que el autor elimina todas las partes violentas de conocida película, quedando así un vídeo de apenas 15 minuos.